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FanFic~ Zealous Romance O5 [Parte O2]

Zealous romance- 5 “Buenas noches” [Parte 2]


Por fin entré en el baño con unas ganas de llorar impresionantes, pero no podía , estaba trabajando. Salí con mi maquillaje acomodado buscando a Nick, logré divisarlo con la típica escena que estaba acostumbrada antes de viajar; coqueteando. Tal vez nunca cambiaría, me dolía pero no pensaba estropearlo con un hombre.

-Me voy a ir al hotel ya Señor Bait, un placer conocerle, el acto estuvo increíble. –dije con sinceridad. –el hombre de bigote blanco sonrió, con su copa de vino.

-Tú compañero y tú son excelentes, un trabajo estupendo.

-Gracias y muchísima suerte –le di los dos besos corteses en las mejillas y me fui.

Al recoger la chaqueta volví a observar a Nick, esta vez se dio cuenta y pude mostrarle mi peor cara de decepción, tal vez fui una ilusa y me dejé llevar. Aunque ciertamente no me arrepentía. Vi como intentó seguirme pero aun así yo y mi rapidez hicieron que saliera en segundos de la fiesta y gracias a la buena suerte que no me había acompañado en el resto de la noche conseguí un taxi y llegué al hotel antes de los esperado.

Abrí la puerta, muy tranquila, ingresé en el baño para desmaquillarme. Necesitaba un baño o mejor una ducha de agua helada para ordenar todos los pensamientos que mi tío había incorporado a mi memoria. Refregué mi débil cuerpo con jabón mil y una veces, no era efectivo. Seguía sintiendo esa sensación de agobio, impotencia y frustración. Con el pelo mojado y aún con el albornoz me estiré en mi cama, por fin a llorar. A llorar al no ser capaz de olvidar toda aquella etapa de mi vida desastrosa, al ser una mentirosa compulsiva al empezar cada día, todas las mañanas con una sonrisa, solamente había conseguido ser una persona frívola y profesional que huye de la realidad, de un pasado vergonzoso. Decidí que era hora de aceptarlo.

Alcancé el diario y lo abrí por una página cualquiera, en la que explicaba la misma rutina de siempre del colegio, y las mismas noches de terror.

Las peores noches de mi vida, siempre eran las tormentas, en las que la oscuridad me invadía con él miedo de ver su silueta en la puerta de mi habitación, una vez un rayo iluminó mi cuarto y vi la cara de un asesino, la cara de mi padre…

-Carmen, ¡Quiero la cena ahora! –chillaba mi padre, como quien tiene una esclava a su servicio. Mi madre ni si quiera hablaba, comíamos en plena tensión sin ningún tipo de conversación.

-Buenas noches –intenté retirarme de la mesa sin éxito, alguien cogió mi muñeca haciendo que cayera al suelo, ese alguien era mi padre.

-Tú no vas a ningún lado, te quedas aquí –como estatuas, mi madre y yo lo veíamos comer, sin nada que decir. –Carmen vete –al recordar esa parte empecé a llorar, pensando en cuantas veces mi madre podría haber evitado esa serie de traumas en vida; si ella hubiese actuado como una madre. Pero se levantó de la mesa y fue a ver a mi hermana que entonces tan solo tenía cinco años, pero yo ya rondaba los quince.

-No –mis palabras en la familia no iban más allá de las necesarias.

-¡Quién te crees tú para decir que no! –Golpe. Silencio, yo nunca chillaba. Golpe. Silencio. La miraba de un cazador furtivo, de un poseso, pero contra más resistencia ponía, más duras eran las consecuencias.

-¿Puedo irme ya? –pregunté evidentemente adolorida pero sin ningún tipo de llanto, era la costumbre. Des de que nació mi hermana, echen cuentas. -No, no hasta que yo te lo diga. –cogió violentamente mi cabeza por los pelos y yo corría a su ritmo para no sentir dolor, para que acabara rápido, era la primera vez que me llevaba al lavabo, no quería pensar.

Yo no lo miraba, mi vista se dirigía la puerta esperando que mi madre abriera, que no dejara que sucedieran estas cosas. Pero no pasó, él me desnudaba mirando atentamente la tarea de sus manos y yo esta vez intentaba resistirme, no quería que me tocara, no quería nada más de él que no fuera su muerte. Al fin logró su cometido.

-¡Mírate! –no lo hice, el con fuerza movió mi cara al espejo de enfrente. -¡Ves que perra eres! –ahora si iba llorar, había dañado mi orgullo de mujer –Eres mas zorra que tu madre –susurró suciamente en mi oído –Por eso nadie te querrá, nadie querrá saber de ti, por que eres peor que una cerda. –comenzó a pasar las manos con brusquedad por mi piel desnuda, invadiendo las partes más íntimas. Nunca perdí la virginidad, pero situaciones peores que esta se habían producido, estaba bloqueada.

Fueron los peores episodios de mi adolescencia, dejando atrás las palizas y los gritos, olvidando la soledad en el colegio. El no hablar con nadie porque me avergonzaba de mi misma, de mi familia, de las marcas del cuerpo de una perra. No quería que ningún chico se sintiese atraído por mi. Cuando tuve la oportunidad, abandoné la casa de mis horrores para ir a estudiar a Italia, a mi hermana nunca la tocó pero debía sufrir la educación de un dictador y presenciar los ataques hacia mi madre. En las vacaciones de Navidad decidí volver como siempre, para ver a mi hermana. Él ya no intentaba nada, sabía que ya no me callaría, no me quedaba a comer, iba a darle el regalo a mi hermana y volvía. Así todos los años, hasta que una fría mañana llamada de febrero recibí la noticia de que mi hermana y madre habían muerto. Ahora el se enteraría. Fue culpa suya, quemó la casa siendo tan ruin de dejarlas dentro, estaba loco. Pero era un loco odioso sin remedio, las pruebas lo culpaban igual que las pruebas que presenté para su detención por abusos, malos tratos y demás. Me hice un test psicológico incluso, todo para meterlo en la cárcel donde debía estar. No fui al velatorio ni a la tumba de las mujeres de mi vida, no lo resistiría.

 

Ahora me encontraba con una vida excepcional comparando la anterior, mi vida era demasiado perfecta pero no podía seguir mintiendo e ignorar la cruda realidad. Ahora mis lágrimas caían a borbotones, rítmicamente con la lluvia. Tormenta, una noche llena de pesadillas pero increíblemente dura, no quería estar sola, no podía hacerlo esta vez. Salí con pánico de mi habitación hacia la de Nick, no podía pensar.

-¡Nick! – Grité – ¡Nicholas! –insistí chillando a punto de dejar su puerta abajo, dejando mis uñas en la madera.

-¡Jelly! – Parecía tan asustado como yo pero eso era imposible -¿Qué te ha pasado? Cuando lo logré ver a punto de irse a dormir, pero no me importó en absoluto, me lancé a sus brazos implorando.

-No me dejes sola por favor Nick, por favor, por favor… -cerró la puerta sin soltarme de sus brazos, no podía yo lo tenía amarrado. Su aroma su voz todo me tranquilizaba.

Me sentó en el sofá mientras lloraba desesperadamente y el lo hizo a mi lado, aguardándome entre sus brazos.

-Jelly, tranquila –musitaba –Mer preciosa todo está bien ¿Si? No te dejarésola. Pasaron velozmente muchos minutos, mientras el acariciaba mi cabello ya seco y me acurrucaba, yo había conseguido acompasar mi respiración.

-Lo siento Nick, no quería molestarte –intenté excusarme ante mi irracional actuación.

-No te disculpes y dime que pasa –me callé. Quería explicárselo, merecía una explicación pero no me salían las palabras. – ¿Es por lo de la chica de la cena? Te prometo que se acercó, no tengo ni su teléfono, era de las únicas que me entendía en inglés… -hablaba tan rápido intentando excusarse que no lo escuché y lo interrumpí.

-No te preocupes no es eso.

-Vamos a hacer algo –propuso. –voy a ir a por tu pijama para que te vistas y te quedas aquí conmigo –lo miré con cara extraña, no estaba muy segura, lo perturbaría con mis pesadillas por la noche, a causa de la tormenta. -Está encima de la cama –asintió suavemente de arriba abajo con su cabeza, caí en cuenta que al lado de mi ropa estaba mi diario, abierto de par en par y los nervios empezaron a recorrer mis venas, el tiempo pasaba y Nicholas no regresaba.

-¿Todo lo que pone aquí es cierto? –estaba en la puerta, plantado con una cada de incredulidad fantasmal, en su mano derecha levantaba mi diario, no supe que decirle solo asentí con mi cabeza, por fin había aceptado la realidad.

-Cruelmente cierto –Eran las primeras palabras que hablaba sobre esto con alguien cercano, Nick era el primer conocedor de lo que pasaba.